miércoles, 17 de diciembre de 2008

Los disturbios de Montera o el inconformismo de ser gilipollas

¿Qué significa ser gilipollas? Es una buena pregunta, la verdad. Normalmente utilizamos este término tan español demasiado a la ligera, pero ser gilipollas no es simplemente hacer tonterías o ser algo corto de entendederas. Lo cierto es que ser gilipollas es toda una filosofía de vida, una inspiración, un arte.

Lo mejor para entender realmente la esencia del término es, primeramente, establecer una clasificación muy general de los gilipollas. Los hay de boquilla, como tu jefe, tu profesor, la ministra de Fomento o Ana Botella. Sin embargo, los cien por cien genuinos son los gilipollas practicantes, que de vez en cuando también se dejan ver por las calles de la capital.

Entonces, queridos lectores de CM, os preguntaréis ahora: "¿cómo puedo distinguir entre un gilipollas de boquilla y un gilipollas practicante?" La cosa no es tan sencilla, no os voy a engañar. Pero quizás lleguéis a comprender las diferencias entre ambos colectivos si estudiamos lo que diversos movimientos de jóvenes incorformistas hicieron para provocar daños por valor de más de 14.000 euros en el Distrito Centro mientras protestaban por el asesinato de un joven de quince años en Grecia la pasada semana.

Un gilipollas practicante, por ejemplo, pensaría que hay una relación directa entre los 'guindillas' de la Comisaría de la calle Montera y que en Grecia, en periodo de huelgas por la crisis y por tener la tasa de paro juvenil más alta de Europa, un policía mate de un disparo a un chaval de quince años. Habría que ser muy normal para pensar que los municipales (que ni siquiera tienen unidad antidisturbios) no estén detrás de un acto tan deplorable; y habría ya que ser rematadamente normal para pensar que la Astynomia griega y los policías de la capital no charlan los fines de semana acerca de cómo asesinar a adolescentes inocentes.

Pero es que ser gilipollas practicante tiene sus responsabilidades: extrapolar problemas locales, hacer ver a los demás conspiraciones del sistema en todos lados y organizar violentos disturbios por lo que sucede en países lejanos que no saben ni deletrear, por ejemplo. Pero, sobre todo, la responsabilidad de creerse uno mismo que la ONCE en Grecia saca a la calle hordas de invidentes armados con sus bastones a reprimir a porrazo limpio las manifestaciones antisistema. Y entonces quemar el quiosco de cupones de Montera. La responsabilidad de tragarse que la dueña del establecimiento Depil-Arte utiliza toneladas de cera en Tesalónica para torturar al colectivo anti-Bolonia de la Universidad. Y entonces apedrearla el escaparate. La responsabilidad de pensar que Caja Madrid y La Caixa no conceden préstamos a los simpatizantes del movimiento antiglobalización de Atenas. Y entonces cargarse todos los cajeros desde Sol a Tirso de Molina. La responsabilidad de mentalizarse de que todos los vecinos del Distrito Centro escupen desde sus balcones a los turistas helenos que visitan Madrid. Y entonces destrozar la fachada de su Comisaría, los bancos y los contenedores. Algo que, por cierto, tendrán que pagar todos los contribuyentes de la capital.

Un gilipollas practicante además esperaría que los munipas salieran de la comisaría que acaba de destrozar dispuestos a dialogar con él. Sí, en su imaginación proyectaría incluso la estampa de cuatro agentes invitándole amablemente a que dejara las piedras y los palos de madera con los que acaba de reventar toda la puñetera calle y que se marchara a casa a descansar después de tan duro día de trabajo. Por eso, un gilipollas integral denunciaría ante la prensa que al cesar la lluvia de rocas los maderos, contra todo pronóstico, le provocaron diversas lesiones por las que tuvo que ir al hospital.

Yo espero sinceramente que después de leer esta descripción hayáis dibujado una imagen en vuestra cabeza más o menos acertada de lo que es un gilipollas practicante. En cualquier caso, de querer ampliar información podéis echar un vistazo a las webs de http://www.nodo50.org/ o leer los panfletos que reparten los domingos los punkos en la salida del metro de Tirso de Molina cuando vayáis camino del Rastro. Podréis identificarlos por dos rasgos característicos: El primero, que en lugar de escribir con "c" escriben con "k" y, el segundo, que se pirran por las palabras "fascista" y "capitalista", que utilizan tan arbitrariamente como los amigos de Ska-P.

4 comentarios:

Ojosdeweber dijo...

Dos semanas sin actualizar y publicas tres artículos de un golpe el día que debías estar estudiando ética, jajaja. Enorme!

Eso sí, a cada cual mejor: el de los gilipollas es sublime.

Bizcoché dijo...

Hombre, ojosdeweber, no seas tan duro con el chaval hombre. No ves que estará ahí en su casa, dándole a la sardina, pim-pam, pim-pam. Deja que el chaval se desahogue...

Víctor Orgaz dijo...

Una entrada increiblemente buena. Pero quizás se podría añadir a eso de que escriben con k en lugar de c. Y es que ahora se está poniendo de moda escribir palabras con x para sustituír a la absurda costumbre de escribir con @ las palabras que identifiquen género. Y deciros que he oido defender esa postura porque en la @ la O está por fuera de la A lo que viene siendo machismo. Chúpate esa.

Anónimo dijo...

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